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<title>Delagoleta-Arucas</title>
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<tagline>Zascandilear</tagline>
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<copyright>Copyright 2006</copyright>
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	<author>
		<name>A.C.R</name>
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	<title>Por que se qujan de Bolivia  ¿Y esto?</title>
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	<issued>2006-05-04T15:54:50Z</issued>
	<dc:subject>La vida y tal  Campamento</dc:subject>
	<content type="text/html" mode="escaped" xml:base="http://delagoleta.bitacoras.com/archivos/2006/05/04/por-que-se-qujan-de-bolivia-y-esto"><![CDATA[En cuanto a los servicios prestaos, en caso de que tuvieran la poca vergüenza de citarlos, se les puede contestar con el famoso discurso de Cuatemoc:<br />
<br />
<br />
Aquí pues yo, Guaicaipuro Cuatemoc he venido a encontrar a los que celebran el encuentro.<br />
<br />
Aquí pues yo, descendiente de los que poblaron la América hace cuarenta mil años, he venido a encontrar a los que la encontraron hace solo quinientos años.<br />
<br />
Aquí pues, nos encontramos todos. Sabemos lo que somos, y es bastante. Nunca tendremos otra cosa.<br />
<br />
El hermano aduanero europeo me pide papel escrito con visa para poder descubrir a los que me descubrieron.<br />
<br />
El hermano usurero europeo me pide pago de una deuda contraída por Judas, quien nunca autoricé a venderme.<br />
<br />
El hermano leguleyo europeo me explica que toda deuda se paga con interés aunque sea vendiendo seres humanos y países enteros sin pedirles consentimiento.<br />
<br />
Yo los voy descubriendo. También yo puedo reclamar pagos y también puedo reclamar intereses. Consta en el Archivo de Indias, papel sobre papel, recibo sobre recibo y firma sobre firma, que solamente entre el año 1650 y 1660 llegaron a San Lucar de Barrameda 185 mil kilos de oro y 16 millones kilos de plata provenientes de América.<br />
<br />
¿Saqueo? ¡No lo creyera yo! Porque sería pensar que los hermanos cristianos faltaron a su Séptimo Mandamiento.<br />
<br />
¿Expoliación? ¡Guárdeme Tanatzin de figurarme que los europeos, como Caín matan y niegan la sangre de su hermano!<br />
<br />
¿Genocidio? Eso sería dar crédito a los calumniadores, como Bartolomé de las Casas, que califican al encuentro como de destrucción de las Indias, o ultrosos como Arturo Uslar Pietri, que afirma que el arranque del capitalismo y la actual civilización europea se deben a la inundación de metales preciosos!<br />
<br />
¡No! Esos 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata deben ser considerados como el primero de muchos otros préstamos amigables de América destinados al desarrollo de Europa. Lo contrario sería presumir la existencia de crímenes de guerra, lo que daría derecho no sólo a exigir la devolución inmediata, sino la indemnización por daños y perjuicios.<br />
<br />
Yo, Guaicaipuro Cuatemoc, prefiero pensar en la menos ofensiva de estas hipótesis.<br />
<br />
Tan fabulosa exportación de capitales no fueron más que el inicio de un plan "MARSHALLTESUMA", para garantizar la reconstrucción de la bárbara Europa, arruinada por sus deplorables guerras contra los cultos musulmanes, creadores del álgebra, la poligamia, el baño cotidiano y otros logros superiores de la civilización.<br />
<br />
Por eso, al celebrar el Quinto Centenario del Empréstito, podremos preguntarnos:<br />
<br />
¿Han hecho los hermanos europeos un uso racional, responsable o por lo menos productivo de los fondos tan generosamente adelantados por el Fondo Indoamericano Internacional? Deploramos decir que no.<br />
<br />
En lo estratégico, lo dilapidaron en las batallas de Lepanto, en armadas invencibles, en terceros reichs y otras formas de exterminio mutuo, sin otro destino que terminar ocupados por las tropas gringas de la OTAN, como en Panamá, pero sin canal.<br />
<br />
En lo financiero, han sido incapaces, después de una moratoria de 500 años tanto de cancelar el capital y sus intereses, cuanto de independizarse de las rentas líquidas, las materias primas y la energía barata que les exporta y provee todo el Tercer Mundo.<br />
<br />
Este deplorable cuadro corrobora la afirmación de Milton Friedman según la cual una economía subsidiada jamás puede funcionar y nos obliga a reclamarles, para su propio bien, el pago del capital y los intereses que tan generosamente hemos demorado todos estos siglos en cobrar.<br />
<br />
Al decir esto, aclaramos que no nos rebajaremos a cobrarle a nuestro hermanos europeos las viles y sanguinarias tasas del 20 y hasta el 30 por ciento de interés, que los hermanos europeos le cobran a los pueblos del Tercer Mundo. Nos limitaremos a exigir la devolución de los metales preciosos adelantados, más el módico interés fijo del 10 por ciento, acumulado solo durante los últimos 300 años con 200 años de gracia.<br />
<br />
Sobre esta base, y aplicando la fórmula europea del interés compuesto, informamos a los descubridores que nos deben, como primer pago de su deuda una masa de 185 mil kilos de oro y 16 millones de plata, ambas cifras elevadas a la potencia de 300.<br />
<br />
Es decir, un número para cuya expresión total, serían necesarias más de 3 cifras, y que supera ampliamente el peso total del planeta Tierra. Muy pesadas son esas moles de oro y plata. ¿Cuánto pesarían, calculadas en sangre?<br />
<br />
Aducir que Europa, en medio milenio, no ha podido generar riquezas suficientes para cancelar ese módico interés, sería tanto como admitir su absoluto fracaso financiero y/o la demencial irracionalidad de los supuestos del capitalismo.<br />
<br />
Tales cuestiones metafísicas, desde luego, no nos inquietan a los indoamericanos. Pero sí exigimos la firma de una Carta de Intención que discipline a los pueblos deudores del Viejo Continente, y que los obligue cumplir su compromiso mediante una pronta privatización o reconversión de Europa, que les permita entregárnosla entera, como primer pago de la deuda histórica...]]></content>
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	<author>
		<name>A.C.R</name>
	</author>
	<title>	España: Sin humo y sin Humor</title>
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	<issued>2006-03-12T01:33:13Z</issued>
	<dc:subject>Humoradas</dc:subject>
	<content type="text/html" mode="escaped" xml:base="http://delagoleta.bitacoras.com/archivos/2006/03/12/espana-sin-humo-y-sin-humor"><![CDATA[Carlos Tena<br />
<br />
Puede que España haya dado al universo del humor unos cuantos nombres, que pasarán a la historia del ingenio y la gracia retrechera, para vergüenza de buena parte de quienes hoy intentan hacerla reír. Incluso es plausible que hoy existan personajes que arranquen carcajadas espontáneas a personas poco exigentes; al fin y al cabo esforzados buscadores de sonrisas como los Morancos, Cruz y Raya, Arévalo, Paz Padilla, Jaimito y Eva Hache, deben tener trabajo. Hasta creo que, las menos de las veces, se den algunos rasgos de humor en los cientos de intentos por hacer reír al pueblo español, ya sea desde la política, el dibujo, la radio, el cine, el teatro, el circo o la televisión. Uno, en su tonel, practica el optimismo.<br />
<br />
<br />
Y me entristece pensar que el pueblo español parece estar muy necesitado de la risa, si tenemos en cuenta los mil y un programas que, vanamente, están dedicados a ello. ¿Será que buena parte de la península ibérica tiene que pasar obligatoriamente por la risoterapia, para calmar los cabreos y frustraciones que atenazan a sus habitantes, encarnados en los número rojos de millones de cuentas corrientes, en el endeudamiento para cuarenta años al que obliga la compra de un piso, en la angustia por llegar a mediados de mes (a fin ya no arriban sino los que ganan más de 3.000 euros), en la inquietud por el dónde y con quién dejar a esa criatura que acaba de nacer, cuyos progenitores (A y B) trabajan desde las 8 de la mañana a las 8 de la tarde?<br />
<br />
 Para resistir un estado de cosas como ese, se hace más que imprescindible, evidentemente, que alguien entretenga esos minutos moribundos que preludian al descanso nocturno, intentando lo que sea con tal de llegar al colchón, acompañado de una sonrisa de oreja a oreja que atempere la horrorosa certeza del mañana. Pero, por lo que llevo visto y oído, la España casposa y rastrera, la vengativa y franquista, la que escucha con la boca abierta, sin que se le suba el rubor a las mejillas, a burdos descendientes del homo erectus como Acebes, Zaplana o Rajoy, trata de sobrevivir con las risotadas que le provoca la carencia de chispa, es decir, con los chistes verdes, con ese  humor zafio y estúpido que destilan la mayor parte de los espacios de entretenimiento, sean los que destinan los periódicos, la radio o la mil veces maldita televisión.<br />
<br />
Por otro lado, mi España corajuda y republicana, roja y combativa, lo tiene crudo, aunque descansa en la seguridad de que no fallarán los latigazos coloristas de Juan Kalvellido, las películas de un solo fotograma de El Roto, las viejas grabaciones de Les Luthiers o Leo Masliah, los espectáculos de Leo Bassi, las películas de Woody Allen, o algunos geniales fragmentos de las de los Hermanos Marx, escenas de “El jovencito Frankenstein”, “La Vida de Brian”, “Las vacaciones de Mister Hulot”, las obras del Perich, retazos de Forges, las historias de Ibáñez y sus hijos Mortadelo, Pepe Gotera, Filemón etc.  Todo eso y poco más. Pero esa España tiene buen talante, sabe esperar y conformarse, de momento, con todo ello y algo más que se conserva en la memoria. A pesar de los palos, practica el optimismo, qué diantre.<br />
<br />
El problema fundamental de la España del siglo XXI es la singular carencia de ingenio, virtud de la que Miguel Gila y Miguel Mihura ejercitaron con valor y generosidad, y que Pedro Reyes o mi amigo Luis Rebolledo practican casi en petit comité, habida cuenta de que los otrora admirados Gran Wyoming o Pablo Carbonell se han metido de lleno en los amorosos brazos de guionistas especializados en hallar gags, cada día más patéticos, porque no dan abasto por sí solos. <br />
<br />
Me resulta sorprendente que, ahora que paso unos días en Madrid, me pregunten a mí, que por fortuna ya no veo ninguna televisión española, por las razones que llevaron al fracaso el último show del señor Monzón, o la debacle de un programa de un tal Buenafuente, del que no conozco nada excepto su buena voluntad y cuatro paridas mal dichas que algún conocido me remitió por mail. Por lo visto, haber pasado unos cuantos años trabajando para el medio, dan patente de corso al ciudadano medio para imaginar que “yo tengo que saber todo sobre las estrellas de la tele”, y por tanto debo estar más que enterado de las causas que han motivado esos fracasos (joder, yo no sé cómo se puede tildar de hecatombe profesional al hecho de cambiar de productora, de emisora y cobrar un sueldo millonario). Es entonces cuando percibo que ese fiasco no es el de Wyoming o de Carbonell, Buenafuente o el espantoso Club de la Comedia (refugio de los amagos de chistes más mediocres que uno ha escuchado desde que era niño), sino de todo un público ávido de que le proporcionen, gratuitamente, su ración diaria de carcajadas. De lo contrario pegará al niño, reñirá con su esposa, se irá al bar de la esquina a emborracharse, insultará a los vecinos o romperá el televisor.<br />
<br />
Todos y cada uno de los sufridos aspirantes a humoristas citados o aludidos subliminalmente, hacen que Gila resplandezca en el firmamento, que a su lado brille aún las geniales salidas de Luis Sánchez Polak, alias Tip, o que Pepe Rubianes sea una de las personas más añoradas en la pequeña pantalla. Difíciles tiempos en los que Albert Boadella (castrado ya intelectualmente por voluntad propia), el ministro José Bono (al que no le hace falta ningún tipo de vasectomía cerebral) o la ministra de Cultura, Carmen Calvo (ataviada con modelos de Ágata Ruiz de la Prada), sustituyen a los malos humoristas. Esta España sin humo, se ha quedado también sin humor. Menos mal que Kalvellido aún resiste. Es una perla en el mar de la mediocridad.]]></content>
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	<author>
		<name>A.C.R</name>
	</author>
	<title>¿Va Ud. a asesinar al presidente ?</title>
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	<modified>2006-02-24T03:06:06Z</modified>
	<issued>2006-02-24T03:06:06Z</issued>
	<dc:subject>La vida y tal  Campamento</dc:subject>
	<content type="text/html" mode="escaped" xml:base="http://delagoleta.bitacoras.com/archivos/2006/02/24/va-ud-a-asesinar-al-presidente"><![CDATA[¿Tiene usted intención de matar al presidente de los EEUU de Norteamérica?<br />
<br />
<br />
<br />
<br />
 <br />
Carlos Tena<br />
<br />
<br />
            Esta pregunta, aparentemente tan estúpida, se formula aún entre las decenas de cuestiones que el gobierno norteamericano de los Estados Unidos obliga a responder a quienes precisan, por motivos bien distintos, visitar ese inmenso país.<br />
<br />
            La nación mas violenta del globo terráqueo, cuyos mandatarios, a lo largo de poco más de 200 años han asesinado o pasado por la armas, bombas atómicas o no, napalm o gas mostaza, balas y balazos, bombas químicas a destajo, a mas de treinta millones de personas, en nombre del poder de la fuerza (porque jamás quisieron, por imposibilidad intelectual, usar de la fuerza de la razón), pregunta a los visitantes si ocultan intenciones magnicidas, como si los demás fuéramos exactamente iguales a su presidente. ¿Quiénes son esos norteamericanos? Porque los auténticos, los que llevaban siglos viviendo en esos territorios, eran otros mucho menos agresivos, con un sentido de la justicia y el honor tan elevado como admirable.<br />
<br />
            Desde mediados del siglo XVI, llegaron a las tierras de los sioux, de los hurones, pies negros y apaches, millones de desheredados europeos y euroasiáticos, dispuestos a enriquecerse como fuere, aunque ello significara  la eliminación sistemática de los indígenas, esos que jamás utilizaban la violencia de forma gratuita. Vinieron de todas partes de globo, desde los mas remotos lugares, para salvarse de la miseria de reinaba en la vieja Europa, que aguardaba un revulsivo o estallido social de alcance universal. Nadie, excepto el misterioso ciudadano español Diego de Torres Villarroel (1693-1770), cura, jugador, brujo y matasanos, predijo la revolución francesa (aquel levantamiento formidable que trató de poner freno a quienes humillaban la inteligencia, el arte y el trabajo del hombre),  con los siguientes versos:<br />
<br />
<br />
Cuando los mil contarás<br />
con los trescientos doblados<br />
y cincuenta duplicados,<br />
con los nueve dieces más<br />
entonces, tú lo verás,<br />
mísera Francia, te espera<br />
tu calamidad postrera<br />
con tu Rey y tu Delfín,<br />
y tendrá entonces su fin<br />
tu mayor gloria primera.<br />
           <br />
<br />
            En 1756, treinta y tres años antes de que los franceses tomaran la Bastilla,  ese impresionante visionario, mucho más inteligente y perspicaz que Nostradamus o San Malaquías, dejaba escrita esa décima o espinela, tan sorprendente por su tono profético, como exacta  por el año en el que el hombre comenzó a soñar que podría disfrutar de algunos derechos.<br />
<br />
            Desde que George Washington fuera nombrado primer mandatario del hoy país más poderoso del mundo (habrá que recordar que lo son a base de esquilmar a todos los demás, de forma constante y pertinaz, bajo amenaza de muerte o conquista), las autoridades de aquella nación, en la que se mezclan apellidos de raleas tan distintas como lejanas unas de otras, supieron desarrollar el miedo como única arma de defensa, estrenando un filme que, al revés que en las películas del far-west, en las que el bueno y la verdad eran los triunfadores, consagraba al malo como el héroe que se salía con la suya.<br />
<br />
            En el film de terror que estamos viviendo desde que Bush Junior reina en Washington, los EEUU han consolidado brillantemente el estado de pánico más impresionante que pudiera imaginarse. Miedo como primer motor de control ciudadano, miedo azuzado a través de centenares de cadenas de radio y TV que hablan y muestran diariamente decenas de asesinatos, violaciones, crímenes de todo tipo, agresiones, robos, estafas, agresiones, en suma, para demostrar que ése es el estado normal de cosas en un sistema democrático. Miedo y violencia (la violencia del miedo), suficientes para que unas pocas personas atenacen la inteligencia de millones de seres manipulados hasta extremos inconcebibles, y aplaudidos desde la viaje Europa, cuyos mercaderes han perdido el único gramo de honradez que aun les quedaba. Miedo al visitante, miedo al filósofo, miedo al rebelde, miedo al que medita, al que no habla ese idioma basado en la venganza, miedo a todos y cada uno de los que arriban a los aeropuertos, costas y carreteras estadounidenses. Miedo cerval, sospecha en sesión continua, recelo sin fundamento, vigilancia extrema.<br />
<br />
            Un continuo chantaje desplegado con astucia indudable, pero mezclado con la cretinez inherente al mediocre, típica del cobarde. Por eso, en EEUU no existen otros kamikazes que los de la cultura. Porque no hay soldados defensores de la democracia, sino mercenarios, jóvenes sin otro futuro que alistarse en la tropa asesina del negociante y matar a diez niños, por ejemplo, a diez mil kilómetros de su hogar, salvaguardando las riquezas ajenas, sin otra motivación moral o convicción política alguna que los escasos dólares del salario militar.<br />
<br />
            Y mientras tanto, el presidente ordena masacres, torturas, atentados que parezcan realizados por fundamentalistas, crímenes que puedan ser achacados a los islamistas, muertes que salen de la Casa Blanca y luego son atribuidas a 300.000 probables terroristas, menos a su presidente que es el verdadero peligro. Es por tanto acertado pensar que la pregunta de marras, si tenemos el cuenta lo leído, encierra una singular coherencia,  amén de la rabia e impotencia que uno siente cuando el policía de turno, en el aeropuerto neoyorquino de Kennedy, te mira como si fueras Aznar.<br />
<br />
            No he regresado a los EEUU de Norteamérica desde el año 2000, pero si tuviera que responder ahora mismo a la pregunta: ¿Tiene usted intención de matar al presidente?, tendría que decir: ¿Y usted qué cree? ¿Qué vengo a traerle un ramo de flores?<br />
<br />
            Me atrevo a remedar humildemente al admirable Torres y Villarroel, profetizando desde estas líneas el futuro de ese terrorista llamado George W. Bush, dedicándole esta décima o espinela.<br />
<br />
<br />
Cuando cumplas los sesenta,<br />
tras haber aniquilado<br />
masacrado y bombardeado,<br />
de forma vil y cruenta,<br />
te saldrá cara  la cuenta<br />
y serás asesinado<br />
por alguien que está a tu lado,<br />
con sonrisa simulada,<br />
de mirada descarada,<br />
pagando  así  tu pecado.]]></content>
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	<author>
		<name>A.C.R</name>
	</author>
	<title>Verguenza, verguenza, verguenza</title>
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	<modified>2006-02-23T11:13:40Z</modified>
	<issued>2006-02-23T11:13:40Z</issued>
	<dc:subject>La vida y tal  Campamento</dc:subject>
	<content type="text/html" mode="escaped" xml:base="http://delagoleta.bitacoras.com/archivos/2006/02/23/verguenza-verguenza-verguenza"><![CDATA[Vergüenza, vergüenza, vergüenza...<br />
<br />
De la serie: «Los jueves, paella»<br />
<br />
Indisimulado júbilo, claro jolgorio en algunos casos: han venido los alemanes a ponerles las peras al cuarto a los catalanes. La OPA que lanzó Gas Natural sobre Endesa se ve ahora comprometida por la de la multinacional alemana E.ON, que apuesta fuerte por el dominio en Europa y en América (Endesa sería su pata en el cono sur).<br />
<br />
Personalmente, pienso que, como el dinero no tiene patria, andarse con nacionalismos es aún más estúpido de lo habitual cuando es la pasta lo único que cuenta. Que me esquilme la Caixa o que me esquilme su homóloga teutona, me trae al completo fresco. Es más, ya puestos, igual los alemanes nos esquilman con elegancia porque, por más que se engominen sus yuppies, más MBA que se saquen de la manga y más lenguaje tecnoguay que utilicen, las empresas españolas no acaban de perder ese hedor cutre y salchichero que tradicionalmente las ha caracterizado. Y, a fin de cuentas, siempre es un detalle que a uno le den por el culo con un preservativo nuevo.<br />
<br />
En cuanto a lo otro, la situación no puede ser ética y estéticamente más patética: la patria corría el peligro de que su industria energética estuviera en manos del tripartito; gracias a Dios, han venido los alemanes a salvar a España de los polacos.<br />
<br />
Puro olor a pies en su más concentrada esencia.<br />
____________________<br />
<br />
<br />
«¿Qué hiciste en la guerra, papi?», es el título de una película de los años sesenta -quizá setenta- que no llegué a ver, pero es la clásica pregunta de un niño curioso sobre la biografía de su padre. Hoy, afortunadamente -y pese a las más que evidentes ganas de algunos-, ya no hay guerra por la que los niños puedan preguntar a sus padres. Hace unos años pudieron preguntar «¿qué hiciste en mayo del 68, papi?», pero esa pregunta ya es ahora solamente propia de nietos para sus abuelos. Para abuelos bastante cebolletas, todo sea dicho, porque en el 68 estábamos todos aquí comiendo mierda como pepes, por más que en el 88 media España fardara de que andaba por París. Menos lobos, Caperucita: yo -que aseguro que sí estaba aquí- no estaba tan ancho como hubiera debido si las fantasmadas fueran ciertas. Eso es como cuando los Beatles vinieron a Barcelona: si fuera cierto que estuvo en la plaza de toros Monumental toda la gente que dice que estuvo aquel beatliano día, nuestro coso sería tres veces más grande que Maracaná. Y no parece.<br />
<br />
Pero para fantasmadas las que se podrían soltar -y seguramente se estarán soltando- al responder la pregunta infantil más realista hoy día: «¿Que hiciste el 23-F, papi?». Para el 99,9 por 100 de los españoles -entre los que, por supuesto, me incluyo- sólo hay una honrada y verdadera respuesta posible: «Mira, hijo, estaba debajo de la cama, con la oreja pegada a un transistor y dándome tal chute de "Fortasec" que las almorranas estaban flipando».<br />
<br />
Hoy hace 25 años de aquella pachangada. Bueno, ahora es muy fácil decir lo de pachangada, pero durante quince o diecisiete horas a los españoles se nos vino el mundo encima; no porque fuéramos unos demócratas (en el sentido de esto) forofos y acabados -que no lo éramos entonces ni lo somos ahora, ya pueden decir misa- sino porque volvíamos otra vez a las mismas, porque de nuevo se hundían las esperanzas de modernidad ante el cuartelazo de un chusquero, porque, terminando ya el XX, volvíamos como catapultados a los más siniestros momentos del XIX.<br />
<br />
Pasadas esas horas, se nos fue el miedo; nos quedó el susto que, con el transcurso de los días, fue trocándose en vergüenza, al ser conscientes del numerito que habíamos montado, en el espectáculo de la España de pandereta que habíamos dado. «Habíamos» ¿os dáis cuenta? Asumimos como propios aquellos hechos pese a que no habíamos tenido arte ni parte, ni material ni intelectual, en aquel show. Pero veíamos al tricornio del mostacho, automática en mano, subiéndose al entarimado del hemiciclo y gritando «¡Quieto todo el mundo! ¡Que no se mueva nadie!» (como si los diputados estuviesen allí bailando) en el mismo tono de voz que si estuviera ordenando presentenarmas en el patio del cuartel; y veíamos a su panda de guindillas barbudos, subfusil en mano, arreando estopa a las molduras del techo; y pensábamos en esas mismas escenas contempladas por suecos, británicos, alemanes, franceses y demás, cabeceando sarcásticos, viéndoles a los españoles el pelo de la dehesa: «ya decía yo que esos marranos de allá abajo no iban a durar mucho intentando llevar adelante un proyecto civilizado». Y nos avergonzamos profundamente.<br />
<br />
Quizá fue esa vergüenza, esa asunción implícita de que nosotros, ciudadanos de a pie, formamos parte de la cosa, probablemente -¡seguramente!- por pasiva, lo que evitó un ulterior y quizá definitivo tejerazo a cargo de algún iluminado de los que íbamos -y vamos- sobrados. Yo creo que aquellos militares (los que no participaron, pero apludieron y sacaron brillo al sable), tan chulos ellos tradicionalmente, se avergonzaron de haber sido la causa de esa vergüenza general y, por fin, por primera vez en la Historia, agacharon bien agachada la testuz ante el poder civil. De otra forma no se explica cómo Serra pudo meterlos en cintura de una manera aún peor, si bien mucho más hábil y sibilina, que lo hizo -o pretendió hacerlo- Azaña.<br />
<br />
Es bueno recordarlo ahora que parece que hemos perdido esa sensación de vergüenza, cuando todavía tenemos buenos motivos -no tan truculentos, afortunadamente- para sentir, de vez en cuando, un cierto resquemor en las mejillas y en las orejas.<br />
<br />
____________________<br />
<br />
<br />
¡Hombre, hablando de vergüenza..! Esta semana hubo sentencia de la Audiencia provincial de Madrid desestimatoria de la apelación de la Asociación de Internautas contra la condena en primera instancia en el pleito que nos pusieron la $GAE y don Teddy. Ya hice los correspondientes comentarios cuando la sentencia en primera instancia y dense por reproducidos a los efectos de la presente.<br />
<br />
Víctor Domingo ha anunciado recursos sistemáticos hasta llegar al propio Tribunal europeo si hace falta. Lógico: sus señorías se han pasado por el forro una ley (la LSSI) y, concretamente, un pormenor de la misma (la no responsabilidad del prestador de servicios) que, precisamente, impuso una directiva europea que, dicho sea de paso, está perfectamente vigente.<br />
<br />
Pero yo no estoy de acuerdo con Víctor. Yo propongo a la AI que se recurra en casación -si cabe- ante el Tribunal Supremo y si la sentencia del Supremo es asimismo desestimatoria, no recurrir más, ya habrá jurisprudencia en materia tecnológica esencial y una jurisprudencia bien castrante. No, hombre, no, no matarse. Pagarle a la $GAE y al Teddy sus 36.000 (la AI no desaparecerá por ello, que no se hagan ilusiones los cantachifles) y dejar que toda la palangana de mierda caiga con todo su contenido sobre la sociedad española.<br />
<br />
Y que la sociedad española pague en vergüenza (si aún le queda), en pringue de caca y en atraso tecnológico y económico importante, su menfoutisme, su indiferencia y su ignorancia burrera.<br />
<br />
Quizá, aunque sea a costa de la Asociación de Internautas, le haga falta a esta ciudadanía de sangre de horchata un revulsivo así.<br />
<br />
____________________<br />
<br />
<br />
Queridos lectores, será hasta el próximo jueves, segundo día de marzo, mes ventoso -dice el refranero-, mes astronómicamente primaveral a su fin, mes del cambio horario -los que cenamos prontito casi lo haremos con luz de día- y ¡ojo! mes con un eclipse total de sol. Será el miércoles 29 y la máxima ocultación del astro en Barcelona será a las 12:15 (hora oficial, ya GMT+2). Ya lo iremos viendo más adelante.]]></content>
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	<author>
		<name>A.C.R</name>
	</author>
	<title>fedeguico</title>
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	<modified>2005-12-18T00:30:51Z</modified>
	<issued>2005-12-18T00:30:51Z</issued>
	<dc:subject>La vida y tal  Campamento</dc:subject>
	<content type="text/html" mode="escaped" xml:base="http://delagoleta.bitacoras.com/archivos/2005/12/18/fedeguico"><![CDATA[Valla joya, pero es asi<br /><br />Jiménez Lossantos siempre ha querido ser líder en algo, en lo que sea. Lo intentó durante su juventud en el activismo político radical, pero fue rechazado por ser demasiado violento (de ahí su odio a los comunistas). Lo intentó después en el activismo queer de finales de los 70, pero fue rechazado por ser demasiado feo (de ahí su odio a los gays). Más tarde probó a encontrar su hueco publicando ensayos literarios, pero fue rechazado por lo limitado de su estilo (de ahí su odio a los intelectuales). También ha publicado poesía, pero es tan remala que no se han enterado ni sus fans más incondicionales. Por fin encontró su lugar a la sombra de Antonio Herrero, y fue allí donde comenzó a tramar su venganza.<br />
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Es su trayectoria personal, por tanto, y no su ideología (ha pasado por tantas que no tiene ninguna) lo que explica el odio tan profundo que transmite. Necesita ser Líder en algo, lo que sea, y no hay camino más fácil y directo hacia el "éxito" (entendido como popularidad) que el insulto, el ataque y la calumnia sistemática. No hay que ser muy inteligente para eso. Basta con carecer de escrúpulos, decencia y sentido común.<br />
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Pero lo bueno empieza ahora.<br />
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Federico ha logrado por fin que toda España esté pendiente de él. Toda su actividad periodística de los últimos años ha sido una patética y desesperada llamada de atención, y a fuerza de insistir ha logrado lo que buscaba: que le hiciéramos caso.<br />
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¿Y ahora qué, Federico? ¿Qué tienes que decirnos? ¿Qué hay detrás de los insultos, el odio, los ataques, las amenazas y el sarcasmo? ¿Qué era eso tan importante, tan fundamental, tan decisivo y relevante que sólo tú conoces y que justifica todo el odio que estás alimentando?<br />
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Te escuchamos, nene. ¿Cuál es tu mensaje?<br />
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Tú no tienes mensaje, Federico. Tú eres un puto troll. Un parásito triste y acomplejado que vive en la soledad más absoluta y que disfraza de odio su incapacidad para comunicarse con sus semejantes.<br />
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No das miedo, Federico. Das pena. Y a partir de ahora vas a dar sólo risa. Eres carnaza para imitadores, para comentaristas satíricos, para analistas de lo bizarro, para sociológos de la basura.<br />
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A partir de ahora mismo te has convertido en el protagonista de una ópera bufa destinada a nuestro entrenimiento. Cada ladrido que escupas por tu micro, cada palabra que escribas en tu puto panfleto será una línea más en el guión de una comedia ridícula que controlaremos nosotros, el público feliz del patético drama de tu decadencia.<br />
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Entérate, troll: trabajas para nosotros. Tu única misión es divertirnos.<br />
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Y lo mejor es que te pagan ellos.]]></content>
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