Sábado, 17 de diciembre de 2005
Relaciones tal vez equivocadas o falta de libertad en la mujer
EL RONIN
Esto no funciona
Eduardo Serradilla Sanchis
En el mar de la historia, treinta años no son nada. Hacen falta varias décadas más para que los modos y maneras cambien, sobre todo, después de una dictadura de mentes y almas como la que sufrió este país nuestro.
Aun así, tres décadas deberían ser suficientes para que hubieran florecido algunos cambios significativos en la sociedad. Sin embargo, está claro que las malas hierbas continúan aprisionando a buena parte de las personas que viven en la España del siglo XXI, impidiéndoles ver más allá de sus narices.
Todo esto viene a colación por un estudio publicado en los últimos días en los que se recogen datos tan alarmantes para la buena salud de cualquier sociedad civilizada como los que les detallo a continuación.
Según este estudio, realizado en varios institutos de la comunidad de Madrid –la misma que perpetúa los valores de la metrópoli colonialista que fue— viene a decir que las chicas consideran normal que sus parejas les obsequien con algún golpe, como muestra de cariño, mientras que los varones, además de proclamarse en censores de sus féminas, las ven como un objeto sexual deseable (un pedazo de carne, para entendernos).
Tanto unas como otros consideran que sin celos, una relación no puede funcionar y, al justificarlo, permiten que los excesos verbales den paso a los físicos.
Para colmo de males, a la novias no parece importarles que sus novios les controlen sus teléfonos (léase a quién llaman), que les pidan que se compren ropa sexy y que consientan con tener relaciones sexuales, cuando ellos, los machos dominantes quieran.
Lo peor, aunque parezca imposible, es que el único rasgo no físico que destacan los varones encuestados de sus parejas es que sean graciosas (y fáciles, ya puestos). Que tengan formación, inquietudes, ganas de vivir su vida personal y profesional ni les importa, ni se lo plantean.
Seguro que los más puristas dirán que eso sólo pasa en los institutos públicos, y que en los centros privados, aquellos que tanto gustaban al anterior gobierno, no sucede.
Yo que ellos no podría la mano en el fuego, dado que las mujeres florero son un invento de las clases adineradas. El esquema del marido trabajando y la esposa machacando las tarjetas de crédito de la familia como único entretenimiento sólo está al alcance de quienes tienen ese nivel adquisitivo. Y los celos, el control y las medias verdades no son patrimonio de los pobres, más bien de quienes más tienen que ocultar.
Dejando a un lado dicotomías sobre las virtudes y defectos de las clases sociales, los datos reflejados en el estudio no dejan lugar a dudas. Hay muchas cosas que cambiar y pocos ánimos para hacerlo.
Lo dije hace unas semanas y lo repito ahora. Si todo el interés que se están tomando las asociaciones de padres católicos y el sector más reaccionario de la Iglesia en defender una asignatura de religión evaluable lo destinaran a plantear opciones para que la formación de los estudiantes españoles no sea tan deficiente, sobre todo en su relación con el ambiente, qué bien nos iría.
No obstante, las culpas –que las hay— habría que buscarlas desde mucho antes. En los últimos ocho años se han querido perpetuar los mismos principios rancios que pretende prevenir el Sida, fomentando en adolescentes de trece y catorce años una abstinencia que choca frontalmente con las hormonas que luchan en su interior.
Ya está bien de soltar perlas de sabiduría como esas. Hay que advertir a un machito guardapolvos que los preservativos son necesarios, que salvan vidas y que una chica no tiene por qué pagar por la falta de sentido común de un enano mental deseoso de... por primera vez.
A las féminas, muchos piensan, que lo mejor sería ponerles un cinturón de castidad y enseñarles a ser sumisas, responsables, presumidas y la mejor consorte posible. Bien mirado, creo yo, deberían convertirlas en geishas y así todos sabríamos a qué estamos jugando.
De todas maneras, en los años anteriores, tampoco las cosas se hicieron mucho mejor. Hubo, como se esperaba, un gran avance, pero el problema sigue estando en las casas y en los círculos familiares. No sirve de nada que un gobierno de ideas progresistas se plantee cambiar los modos y las maneras si, en los hogares, los hombres se quedan en el sillón y las mujeres hacen el resto de las tareas. Hasta que no se deje de medir con distinto rasero a los sexos, la discriminación será un monstruo grande, como cantaban Ana Belén y Víctor Manuel al referirse a la guerra.
Sé que puede parecer derrotista, pero se empieza por pequeños detalles y se termina por zanjar los asuntos con una discusión acompañada de golpes que la cierran de la peor manera posible. Está claro que, llegado el momento de la verdad, suelen ser ellas las que marcan el ritmo, pero la fuerza bruta es un argumento que derriba cualquier pretensión de buen entendimiento.
No hay justificación para que una persona pegue a otra en señal de cariño. La violencia es sólo eso, la falta de argumentos apoyados en una fuerza que unos tienen y otros no.
Estamos en el siglo XXI y la realidad es la que es, no la que algunos se empeñan en proponer. Sería bueno que todos los padres les regalaran a sus hijos e hijas lecciones de cómo hacer frente a sus deseos más íntimos, capacidad para defender los derechos de cada uno, sin importar el sexo y, una caja de preservativos.
Majaderías como la abstinencia deberían quedarse para los círculos reducidos que piensan que el sexo, como el Rock & Roll, es una señal inequívoca del demonio.
Y a las chicas que se encuentran con cenutrios que sólo piensan con sus partes íntimas les recomiendo un ejercicio práctico, muy útil para su autoestima. Si su pareja se cree en derecho de controlarles la vida, utilicen su rodilla, parte del cuerpo poco valorada, y estréllenla contra las partes íntimas del individuo que pretende asumir el papel de carcelero de las SS.
Verán como, al igual que las murallas de Jericó, se desplomará sin decir palabra y permanecerá en estado fetal un buen rato.
Les aseguro que la experiencia merece la pena y que a la víctima le obligará a pensar con otra parte de su anatomía.
Y olviden esa patraña de que los celos son necesarios para una relación. Es mentira. Los celos no sirven absolutamente para nada. La inseguridad no se cura descargando la rabia en los demás. Después, continúen con sus vidas, que sola no se está tan mal. Para tener un animal al lado, mejor estar a tu aire.
Por: A.C.R | Sexualidad mas o menos bien | Comentarios (0) | Referencias (0)
Zascandilear
Diseñado por Studio.st
Online gracias a Bitacoras.com