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Miércoles, 23 de noviembre de 2005

Palabras

Lo último de C.O.V. Palabras; benedicto, palimpsesto, oximorón, glaucoma:


Viene hoy el autobús cargado con olor a ropa llovida y con peligros de paraguas atravesados, pero lo coje Benedicto porque ya se hartó del repiqueteo silencioso de la lluvia en el sombrero. Se desliza como puede entre cuerpos agotados que se mecen al ritmo del tráfico, y se para cuando ya está casi al fondo, allí donde menos gente se acumula porque cuesta más llegar.

Mirada perdida se desliza sobre escaparates, lunas, coches y demás fauna inerte ciudadana. Entra dando un rodeo de vuelta en el autobús y pulula de viajero en viajero, sin realmente darse muy bien cuenta de individuales múltiples o rasgos compartidos. Se aburre. Trae un libro pero no tiene las manos libres para leerlo, y además últimamente se le pone una cosa rara en la vista que le impide oir bien. Niño lloroso, viejo alcohólico, chica joven con movil, bá, lo normal de cada día.

Le fastidia la gente. Él, que es mejor que nadie. Él, que no necesita a nadie.

Cosa contraria a lo que tiene por costumbre, baja la Mirada y se encuentra con una persona que a su vez, también lo mira.

Rechaza por non grato el contacto visual y vuelve a buscar la rutina novedosa de la calle, siempre tan diferente, siempre tan igual. Coches nerviosos, perros paseando a sus amos, carritos que vuelan empujados por una madre que llega tarde a ninguna parte. Idiota.

Hacen parada y la Mirada de Benedicto se posa en la gente nueva que entra en el estrecho universo del número 333. Todos mojados, como maniquíes en tunel de lavado rodante. Todos grises. Como corderos que por hoy son indultados en el matadero.

Son todos ridículos en sus trajes de gente normal. Vulgares.

Cambia el peso de su cuerpo de una pierna a la otra, y la Mirada se vuelve a posar en la persona sentada que lo mira. Lo mira sin pestañear, como con un propósito determinado con razón de ser.

A Benedicto le molesta que le miren. Sobre todo que le miren a los ojos. Por muchas razones. Primera porque desde pequeño siempre pensó que la gente podía oir sus pensamientos a través de sus ojos, así que le daba miedo a veces estar pensando demasiado alto, y siempre procuraba mirar a otro lado cuando le hablaban. Luego, porque también le daba miedo comprobar que si Él mismo no podía oir los pensamientos de la gente a través de sus ojos, pues los otros tampoco podrían hacer lo mismo con él. Y es que es o de las cosas de la Fe son tan intangibles que se rompen con un toque de mirada.

A veces cuando veía un tuerto pensaba que había perdido un ojo al mentir por él con una falsa Mirada.

Además, mira que llueve y llueve, qué asco…

Y esta persona que lo mira.

Su inmovilidad le pone enfermo. No entiende lo que ve, y eso molesta, claro.

-No deberías pensar tan alto, te podría oir la gente y algunos se podrían ofender.

Benedicto oye las palabras pero no las ve.

Automáticamente vuelve a deslizar la Mirada por fuera, pero oye de nuevo que le hablan, y esta vez por fin ve lo que le dicen.

-Que digo, que no pienses tan alto, que te van a oir.

Silencio de asombro atrona sus ojos.

Como reacción, una parálisis incrédula. Como pensamiento, un enrojecerse su todo él, como si acabara de ver al ratoncito Perez trayendo monedas a un niño… No entiende lo que ve, no comprende lo que oye, está descolocado y tan desnudo como si hubiera entrado en una playa nudista vestido de esquimal.

-Así está mejor, pero no hace falta que dejes de pensar, sólo que pienses un poco más bajito.

-Perdón ? se atreve por fin a decir.

La figura no contesta.

Qué es ?

Parece una persona, pero es rara. Creo que es una mujer, pero tiene ojos de … no sé, ojos de rara, como si fuera lo que no parece, o pareciera lo que no es.

Como si esos ojos fueran la cortina que se pone en una ventana para tapar, o para ver sin ver, o para despistar, como ahora me está despistando a mí.

-No soy nada de todo eso. Sólo soy una persona, no te preocupes. Rara, sí, pero normal. Sí, ya sé que estás pensando que porqué oigo tu Mirada, y porqué tú oyes la Mía, pero si es así es porque así debe ser, sin duda. Aunque te diré, Benedicto, que no eres santo de mi devoción, y por eso te hablo. Benedicto, todo bondad, eres mezquino hasta las entrañas. Misógino amante de las mujeres, moralista perverso, funcionario mandatario de tu propia casa, avaro con los pobres, ruín. Algún día te darás cuenta que perdiste tu vida incapaz de gozar los pequeños goces y pecados, y por tanto administrando pecados y prohibiendo gozes ajenos. Ni gozaste ni dejaste gozar. Algún día mirarás cara a cara, ojo con ojo a la muerte, y entonces será demasiado tarde para arrepentirte de haber hecho tanto mal, porque ya no podrás remediarlo ni redimirlo con tus víctimas. Y lo peor de todo. Cara a cara, ojo con ojo con la Muerte, verás lo mísera que ha sido tu vida, y cómo vas a echar de menos todo aquello que nunca hiciste por hipócrita embustero.

Mírame, porque soy yo.

Soy el vivo retrato de la vida.

He vivido tantas porque no he perdido ninguna, y se han quedado todas escritas sobre mi piel.

Soy carne y hueso de generación en generación, y no tengo nada de qué arrepentirme, porque nunca admití más dios que mi propio sentido común, y no cumplí con más regla que mi propio sistema de valores.

La sabiduría de la vida la llevo escrita en la piel, como si yo misma fuera un viejo pergamino o sobre el que han escrito más de una vez : conservo al mismo tiempo mi piel intacta, y restos de los textos primitivos y los nuevos.

Tú no. Tú eres todo un vacío infinito, por enfermo y por malo. Siempre has vivido muerto en tí mismo, y después de la muerte seguirás muerto, qué creías.

Eres la epidemia, el odio, el lobo vestido de Pastor.

El Angel Malévolo de Papel. No eres más que un suspiro en la Edad del Mundo, aunque tú te tienes por algo sagrado.

Hay de pronto un brusco frenazo y el hechizo se rompe. La Mirada de la Mujer, de pronto, es normal, y Benedicto recupera sus intestinos, o mejor dicho, vuelve en sí.

Piensa aliviado que todo ha sido un sueño alucinado, una pesadilla a la luz de los halógenos del autobús. De pronto, el sueño parece ridículo, la Mujer una tía cualquiera, y su vida la misma de siempre.

Ilusiones pasajeras de 5 paradas del 333.

Sin darle tiempo a recuperarse, la Mujer se alza y pasa rozando junto a él dirección a la salida.

Su pelo, largo, noche y rizado deja un perfume divvino de azahar, cardamomo, gengibre y canela tras de sí que habla con voz propia y diabólica :

-Iluso. Qué poco eres, Benedicto. Qué poco has vivido y qué poco vas a vivir lo mucho que te queda de mísera vida. Acuerdate de mí.

Benedicto oye el perfume sin comprender cómo si sólo hay un Dios, una diosa puede dejar detrás de sí un diablo volatil en forma de perfume.

Pero está demasiado centrado en su propio ombligo para comprender los misterios de la Vida, el desgraciado; el ciego, el pobre ciego que ve, pero que tiene glaucoma en el alma.

Por: A.C.R | La vida y tal Campamento | Comentarios (0) | Referencias (0)

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